Para volar muy alto se requiere de mucho esfuerzo. No basta con sólo desearlo, hay que trabajarlo.

¿Te has puesto a pensar en aquellos animales como las hormigas o las ardillas? Para conseguir su alimento recorren grandes distancias y nunca están quietas.

Lo mismo pasa con el ser humano. Pero a diferencia de ellas éste es impaciente. Quiere todo al instante.

Necesitamos aprender que la vida es un camino que necesita ser construido día con día.

Así como las flores se marchitan cuando no tienen agua suficiente, asimismo somos nosotros. Necesitamos una fuente de vida.

Esa fuente de vida es Dios, energía invisible, fuerza suprema o universo, como le quieras llamar. Siempre está allí presente, aunque no lo podamos ver.

Sin embargo, podemos entender que se trata de una fuente superior a nosotros. Es nuestra decisión alinearnos o no con ella.

Somos como la madera que para quemarse, necesita de un elemento inflamable como el sol o el fuego. Para tener luz en nuestras vidas, necesitamos acceder a esta fuente siempre que podamos.


Y recuerda, si deseas saber más, te sugiero leer mis libros, donde encontrarás más reflexiones para elevar tu aprendizaje espiritual.

El Arte de Brillar
El Arte de Vivir

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